ARGENTINA ENTRE LA CRISIS ECONÓMICA Y LA NECESIDAD DE CONSENSOS BÁSICOS por el profesor Santiago Teves

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En medio de una nueva turbulencia económica, el gobierno nacional busca recuperar la confianza en el mercado cambiario, y fundamentalmente en la opinión pública. La caída del consumo en el mes de julio fue del 5, 8 %, según un relevamiento de la confederación Argentina de la mediana empresa (CAME), debido esencialmente a la pérdida del poder adquisitivo del salario; y a las fluctuaciones de algunas variables macroeconómicas.


El presidente de la república anunció un nuevo respaldo financiero del FMI, y esto implicaría acelerar el gradualismo, con recortes y ajustes fiscales, estableciendo como principal objetivo reducir el gasto público para el año 2019. En este escenario, el gobierno nacional debe negociar con la oposición la aprobación del presupuesto, y esto exige acuerdos políticos previsibles con certidumbres en la política económica, que a su vez permita reconstruir la credibilidad.
Por otro lado, los cambios estructurales impuestos con enormes expectativas, fueron sorprendidos por dos situaciones importantes.

Por un lado, las incongruencias cambiarias globales, que afectan directamente a las economías emergentes, y por otro la falta de coordinación gubernamental, para buscar soluciones concretas a las distorsiones y volatilidades de los precios de bienes y servicios de la economía.
En efecto, la crisis económica desatada por impericias propias de la administración nacional, es cada vez más compleja, caótica y dramática, para la mayoría de los argentinos.

Por esta razón, la CGT decretó un paro general de actividades para el 25 de septiembre, tratando de responder a las demandas de las bases sindicales, y así reaccionar colectivamente contra la megadevaluación que sufre el país, castigando brutalmente a la clase media y los sectores de menos ingresos.
En otras palabras, la desconfianza hacia el gobierno ha aumentado drásticamente en los últimos meses, fundamentalmente por las fragilidades macroeconómicas, que produjo un colapso en el mercado cambiario.

No obstante, se visualiza un nivel importante de improvisación política, donde reina la desidia institucional; y la desesperanza de la sociedad, circunstanciada por el pesimismo y la depresión, principalmente de aquellos que perdieron su fuente de trabajo o bien pequeñas y medianas empresas que no pudieron afrontar el costo de los insumos para la producción de bienes y servicios.
Argentina necesita delinear políticas públicas pensando en los próximos 100 años, y esto se debe dar en un contexto de madurez política, con una convocatoria inmediata a un acuerdo político y social, donde distintos sectores tengan la posibilidad de participar en la conformación de una mesa nacional de diálogos y consensos básicos.

Es decir, reconocer la gravedad de la situación socioeconómica del país, es un compromiso que debe asumir toda la dirigencia política, dejando de lado los intereses sectoriales y fanáticos, para devolverle al país la centralidad de temas puntuales, que hemos perdido en estos últimos años.

Para concluir, es imperioso abandonar la crispación como método para hacer política y avanzar en la recuperación de criterios valorativos que reivindiquen a la política, exigiendo el desarrollo de los buenos actos humanos; hoy quizás alterado por la percepción de un individualismo ideológico implacable.

 

 

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