ARGENTINA Y EL BIEN CULTURAL: NORMAS, COSTUMBRES Y COMPORTAMIENTOS SOCIALES por el profesor Santiago Teves

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En las últimas horas en pleno mundial de futbol algunos argentinos han protagonizado acontecimientos realmente repudiables, desde los videos publicados en distintos portales y/o redes sociales de jóvenes rusas repitiendo obscenidades, hasta los que generaron disturbios posteriores al partido de Argentina-Croacia.

Es decir, no solo estamos pasando por el peor momento futbolístico, sino que estas situaciones desnudan la mediocridad cultural de ciertos sectores de nuestro país. No obstante, esto expone y explica la intolerancia imperante en la república Argentina, de la imposición de una nueva cultura, que tiene como objetivo desprestigiar y denostar las relaciones humanas. Por lo tanto, la fragmentación social, es un fenómeno complejo y se da como consecuencia de un contexto autónomo desfavorable, que somete a la cultura a falsedades dominantes; y arruina implacablemente los vínculos personales e interpersonales. Igualmente, no hay un reconocimiento explícito de esta problemática, debido a las subjetividades que disfrazan una realidad preocupante; y allanan el camino a la degradación social.


En otras épocas, las normas sociales representaban para nuestra comunidad, principios incorruptibles; y eran aceptadas sin objeción por parte de los ciudadanos, determinando las conductas y los comportamientos sociales.
En otras palabras la crisis de valores que afronta la sociedad argentina, se manifiesta cotidianamente con una incoherencia despótica en el modo de pensar y actuar, inmiscuidos principalmente en nuestros adolescentes. Evidentemente las instituciones no funcionan o si funcionan lo hacen frágilmente, oponiéndose muchas veces a los principios básicos de los cuales partieron. Por lo tanto, es necesario generar cambios graduales, constantes e indisolubles, que nos permitan construir criterios valorativos y colectivos, dejando de lado la impertinencia de nuestros actos individuales.


Por otro lado, la violencia manifestada diariamente implica en términos generales agresividad, que se transmiten permanentemente como nuevas estructuras de interacción social y que en estos últimos años ha degenerado las relaciones afectivas. En definitiva, el desarrollo de nuevos parámetros culturales permitiría debatir los criterios de moralidad colectiva, profundizando los valores genuinos a través del restablecimiento de un novedoso marco de confianza social, abandonando definitivamente el egoísmo cultural.


La planificación del progreso sustentada a través del desarrollo cultural, existió y seguirá existiendo en nuestras sociedades, solo alcanza con observar cómo hicieron los países que participaron en la primera y segunda guerra mundial; ya que hoy disfrutan de elementos culturales consistentes y previsibles, marcando la agenda mundial. ¿Entonces qué debemos hacer? En los países latinos no existe una conciencia cultural idónea, lo que profundiza y agudiza la problemática social, donde lo mediático funciona a la perfección imponiendo lo intrínseco, como método para convencer y persuadir al individuo.
Sintetizando, es imperioso empezar a discutir normas que reglamenten las nuevas relaciones sociales, complementando aquellos principios del derecho positivo existente, con el objeto de impedir los abusos e insolvencias personales, que tienen como finalidad última afectar la moral pública de las personas. Por ese motivo, el rol de la familia y de las instituciones, deben ser la de inculcar costumbres y hábitos, que revitalicen el tejido social.
Por último, Isaac Asimov expresa “nos acostumbramos a la violencia y esto no es bueno para la sociedad. Una población insensible es una población peligrosa”

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