EL PERONISMO Y SU RELACIÓN CON EL MOVIMIENTO OBRERO por el profesor Santiago Teves

0
5126

Por el Profesor Santiago Teves

 

El 17 de octubre de 1945 marcó el comienzo de la relación ente el peronismo y la confederación general del trabajo, después de una larga lucha de encuentros y desencuentros, que finalmente termina en esa gran manifestación colectiva. Las políticas sociales implementadas por Juan Domingo Perón desde la vicepresidencia y la secretaria de trabajo de la Nación, tuvo una enorme influencia en cuanto a la organización estructural de sindicalismo. Es justamente el día de la consagración del coronel Perón a la cúspide de la política en nuestro país, sin dudas un acontecimiento emblemático para los ciudadanos de la nación, esperanzados en aquel hombre que desde los distintos estamentos del estado empezó a creer en el mito de la reivindicación obrera. Esa amistad indestructible que había nacido, selló para siempre la relación de la CGT con el peronismo, casi como una suerte de confraternidad de lazos ideológicos que fueron virtualmente bases del movimiento nacional justicialista.


Perón había instalado la idea inamovible de sindicalismo organizado, inspirándose en los países europeos a mediados del siglo XX, teniendo como objetivos la lucha por la reducción de las jornadas laborales, el derecho a la ancianidad, salario mínimo vital y móvil, vacaciones pagas, entre otros. De ese pensamiento logró reivindicar la conciencia los trabajadores a través de su discurso, pronunciado en el balcón de la casa rosada.


En el trayecto de la historia José Ignacio Rucci fue el hombre del paragua que espero al General Perón en Ezeiza, ese 17 de noviembre de 1972, abrazando la causa justicialista y revalorizando los nobles principios que dieron lugar al nacimiento del sindicalismo institucionalizado en nuestro país.
Hoy la situación política cambió y el sindicalismo pareciera estar en un momento difícil, de no representar los intereses de los trabajadores y menos de compatibilizar con el peronismo o con el campo nacional y popular, quedando reducido a espacio de insolvencia política con poca representatividad, pero con poderes conquistados durante años. En la argentina los representantes sindicales no están obligados a presentar sus declaraciones juradas, tampoco existe un límite en relación a los mandatos. No bastante, la justificación del sindicalismo esta circunstanciado por el discurso contradictorio, donde no se respetan las decisiones de las bases, en cuanto a la reivindicación de los derechos laborales, y solo se platea la puja de poder en el seno del movimiento. Por consiguiente el movimiento colectivo solo es una expresión de deseo, con ideales que solo se sostienen para fundamentar la demanda social, ante la falta de inconsistencia política, desestructuración atroz en la conducción de sus objetivos ideológicos, que no logra trasladarse en las mejoras de las condiciones de vida de los trabajadores.


También se habla de un nuevo modelo sindical, un proyecto que terminaría con los viejos anhelos de la unidad del movimiento obrero, tratando de alejarlo del peronismo como cuestión relativa y funcional a los distintos contextos históricos. Sin dudas de aquella CGT como rama del movimiento nacional justicialista, solo quedan las proclamaciones de adhesión incondicional, discursos adaptados en el tiempo y la fragilidad política que deja sin vigor cualquier posibilidad de acuerdo, que a su vez anula el diálogo como un instrumento para el entendimiento institucional. En otras palabras, no se avizora un futuro prospero para movimiento obrero, primero porque existe incapacidad absoluta de renovar las expectativas en relación a la población, de instituciones que no son creíbles, en un contexto mundial donde se dieron cambios significativos y graduales, que invita al diálogo maduro y racional para poder enfrentar situaciones problemáticas o conflictos sociales complejos. Segundo, debido a que el sindicalismo en nuestro país opto por la sumisión y/o subordinación de las políticas sindicales a los gobiernos de turno, dejando de lado la autocrítica y la independencia institucional que marco durante mucho tiempo un escenario legítimo de defensa de los derechos laborales, y que fue el sustento intelectual de muchas generaciones de dirigentes.

¿Cómo es la organización actual? el sindicalismo argentino vive hoy una profunda fractura institucional, captada por los intereses políticos y económicos, inmiscuidos muchas veces en procesos proselitistas. Curiosamente la CGT tiene un poder tripartito, lo que demuestra la crisis estructural e institucional, observándose la desintegración de los cuadros sindicales los cuales por largos períodos fueron los cimientos de movimiento obrero. Además se visualiza un hartazgo por parte de la sociedad con respeto a los dirigentes que están en las distintas secretarias como una suerte de cargo vitalicio. Por esa razón el vaciamiento ideológico que sufre el sindicalismo también está en la perspectiva de los cambios que se dieron en el país, donde el discurso ya no es representativo, con alto grado de disgregación y crispación política. Habría que pensar como la política a través de sus instrumentos genera las condiciones para modernizar las bases de las estructuras sindicales, posibilitando crear en la sociedad una idea de representación democrática, de apertura al diálogo, como mecanismo genuino del entendimiento en común. Por último los sindicatos en el mundo tienen una noble e importante misión, no de resistencia política o social, sino por el contrario aportar a los cambios que se dan en la sociedad, adaptándose a los distintos contextos con mensajes claros y previsibles.

 

 

 

Dejanos tu comentario