LA IMPOSICIÓN DE LA DESCALIFICACIÓN PERMANENTE por el profesor Santiago Teves

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Por el profesor Santiago Teves

La banalización, la radicalización y el desprestigio se apoderaron de los discursos políticos en la república Argentina. La frase provocadora e insensible en las últimas horas de Elisa Carrió sobre la muerte del ex gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, abre una vieja discusión de posiciones y visiones acerca de las cuestiones morales y éticas en nuestro país. La demonización ya no es un tema aislado, por el contrario marca una cotidianeidad que se expresa de manera contundente en la opinión pública.
Las discusiones subjetivas solo están orientadas a la descalificación de la política, fagocitada fundamentalmente por mensajes empobrecidos, que dañan considerablemente el sistema republicano. ¿Qué instrumentos tenemos los ciudadanos para contrarrestar esta situación? ¿En algún punto se subestima la capacidad del pueblo?
La personificación de la política es el hecho maldito de este tiempo, ya que aísla y destruye el sentido colectivo de las acciones sociales y morales del ser humano. Es decir, la colonización discursiva está disimulada a través de gestos e intenciones; que tienen un fuerte sentido electoralista, respondiendo de manera contundente a deseos personalísimos. En este aspecto, los medios masivos de comunicación cumplen un rol preponderante, consintiendo el espíritu confrontativo, a través de mecanismos perversos como la parcialización de temas y opiniones.
En la actualidad, el discurso político tiene un profundo contenido de odio y resentimiento, lo que magnifica el fanatismo de cierto sectores sociales, que carecen de todo tipo de objetividad, repitiendo desvergonzadamente lo que imponen cotidianamente los medios del poder mediático. De todas formas, hay un pensamiento obsesivo por la victimización y la culpa, que en definitiva pareciera ser más una estrategia de gobernabilidad y de justificación del poder. No obstante, El posicionamiento de una parte de la dirigencia política en Argentina y América latina, busca despertar profundos sentimientos de rencor hacia valores extremadamente democráticos, lo que imposibilita cualquier tipo de acuerdos y/o consensos políticos. Es decir, el sentido de envenenamiento pragmático utilizado como estrategia política, solo busca justificar los grandes desencuentros de nuestras sociedades. En consecuencia, las acciones políticas deben ser aceptadas en el marco del estado de derecho, a través de nuevos mecanismos e instrumentos sociales, que reivindiquen la plena participación de la ciudadanía en los nuevos procesos políticos. Además es necesario planificar políticas públicas a largo plazo, donde se desnaturalice la miseria humana del desprestigio permanente.


El pretexto, la inconsistencia y la incongruencia de un infantilismo inusitado de algunos de nuestros representantes, configura en buena medida la decadencia cultural de la Argentina. Por lo tanto, es necesario imponer una agenda con temas prioritarios, que permitan recuperar los valores verdaderamente democráticos.

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