Querida y amada madre por Jorge Milton Capitanich

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Querida y amada madre:

 

Nunca hubiese querido escribirte esta carta de despedida.

Pero siento un dolor muy profundo que se agiganta con el paso de las horas.

Mi corazón no entiende el sosiego del tiempo. El palpita cada segundo de tu ausencia.

Seguramente tu luz no se apagará jamás, pero mi tristeza no tiene ni tendrá fin.

 

Fuiste la heroína de mil batallas, la que le pusiste una sonrisa al dolor o al desencanto.

Frente a la adversidad de la vida y las circunstancias redoblabas la apuesta del entusiasmo.

Por nuestra casa pasaron generaciones y generaciones de compinches de la vida que compartieron el estudio de tus hijos, de tus nietos.

La casa abierta, el mate siempre preparado, tus tortas fritas y esa comida que con tanto esmero nos preparabas.

Si era tu forma más sublime del amor. Tus milanesas, que hacías con tanto esmero, no tendrán comparación en el universo pues tenían un condimento que no puede compartir ningún chef en el mundo: un condimento grande como tu corazón. EL AMOR DE MADRE.

Nos dejaste sin receta para tu “arroz a la suiza”. Nos dejaste un vacío imposible de llenar. Siempre te cargaba cuando me decías que no iba a comer con ustedes diciéndote que “me estoy entrenando para bajar 5 kilos pues con tu comida aumento 3 kilos en un solo día”

Recuerdo desde niño tus dolores de cabeza, tus jaquecas que te “tiraban en la cama”, pero volvías a recuperarte para emprender con alegría el nuevo día bajo el sol.

Con todos varones en la casa ejercías la jefatura del orden y la limpieza, y aplicabas el principio de la “división del trabajo” para que todos tengamos un rol que cumplir. Desde ordeñar las vacas hasta lavar los platos.

 

Nos acompañaste todos los días de nuestras vidas, en presencia y en la distancia.

Nos inspiraste con amor y ternura.

Te levantaste a cualquier hora para prepararnos comida en medio de las campañas electorales para abastecer “una horda de hambrientos” alrededor de tu mesa. Y a todos atendías con el santo oficio de madre paciente.

Te alegraste con nuestras victorias. Y masticabas en soledad nuestras derrotas pues sabías íntimamente que un día ibas a saborear el triunfo con tu corazón henchido de alegría.

Todavía te recuerdo exultante en tu voz aquella medianoche del 16 de septiembre cuando sufriste “la invasión de una caravana” para festejar la tan anhelada victoria.

Pero una enfermedad impronunciable se apoderó de tu cuerpo en el año 2008. Quizá la tenías desde antes, pero se manifestó desde ese momento. Y sufriste el dolor, cirugías y largos tratamientos con fortaleza y paciencia.

Atendiste como nadie a tu compañero inseparable de toda tu vida, Daniel. Tu esposo desde siempre y hasta la eternidad.

El llora desconsolado, pues partió el pilar fundamental de su vida en aquellos largos días de depresión, que fueron años y que fueron interminables hasta que Dios que todo lo ordena, lo volvió a ordenar de nuevo.

Y te empezaste a entusiasmar con el “Durmitor”, con la decoración, con los libros de la historia de nuestra colonia junto a tus compañeras inseparables de escuela, de banco y de vida: Marta y Norma.

Norma nos dejó inesperadamente y ahora tu partida entristece tanto que aquel evento que preparaban para el 6 de octubre deberá esperar otro momento de inspiración.

Tus padres Mato y Bronislava fueron ejemplo de lucha y de vida, haciendo Chaco, abriendo los montes, preparando surcos, haciendo caminos.

La partida de Miguel te rompió el corazón, en ese momento estaba a más de 10000 km de distancia y no pude acompañarte. Después nos abrazamos y sentimos el dolor de la pérdida de un hermano.

 

Querida viejita: cuando nos despedimos la última vez antes de subir al avión estaba convencido de volverte a ver, viva, jovial, vital.

Yo pensaba “cómo me puede fallar la heroína de mil batallas”.

La estaremos esperando!

Pero Dios no quiso que sea así. Te tiene a su lado. Como dice tu bisnieto Drago “tu estrella es la que más fuerte alumbra”, la más resplandeciente.

Tu ejemplo de abnegación, de lucha, de dedicación escribieron las mejores páginas de nuestra historia familiar.

Te amaré por siempre. Y mi tristeza no tendrá fin.

Pero cuando me levante muy temprano cada mañana, tu rostro estará en mí, tu alma estará en mí y tu espíritu inspirará mis mejores acciones.

Hasta siempre Mirka! Te voy a extrañar desde la distancia, en el silencio o con ese abrazo fraternal de cada encuentro.

La vida a veces nos conduce por caminos diferentes, a veces cumplir metas exige el sacrificio de no compartir muchos momentos.

Pero acompañaste a tu familia y tus hijos en cada desafío y nos enseñaste a no bajar nunca los brazos. Te veía en el rostro feliz de cada acto, en la inauguración de cada obra y en el cumplimiento de cada sueño.

Por mi amor eterno mamá. Gracias por todo lo que me diste, por todo lo que nos diste. Y si en el crepúsculo de la memoria nos encontráremos de nuevo, juntos construiremos un castillo en el cielo!

Te amaré por siempre. Te amaremos siempre.

Héctor, Dani y yo no tendremos consuelo! Se necesitará mucha agua para apagar el fuego inconmensurable de tu amor!

 

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