A ver, o sea, digamos…¿adónde fue a parar el discurso político?

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Acostumbrados al eufemismo, la elipsis, el lenguaje político reformateado por las redes sociales va nombrando las cosas tanteando, balbuceando, aludiendo y eludiendo.A ver, o sea, digamos...¿adónde fue a parar el discurso político?

El lenguaje coloquial se suele poblar de muletillas. Y la política, como el reality show y las mesas radiales y televisivas, reproducen en escena estas prácticas discursivas.

El uso del “a ver”, para introducir una definición que no termina de entenderse o no convence -una manera de titubear, amagar, o de marcar un énfasis, o de hacer una pausa para pensar lo que se va a responder-. O del “digamos”… Decimos lo que decimos, o anunciamos que vamos a decir algo.

Acostumbrados al eufemismo, la elipsis, el lenguaje político reformateado a los nuevos códigos va nombrando las cosas tanteando, balbuceando, aludiendo y eludiendo, apelando a la redundancia. Frases que no se extienden mucho más de los 140 caracteres tuiteros, precisan de estas muletillas para continuar algo que se aproxime a un argumento.

El candidato Javier Milei, autodefinido como un fenómeno televisivo, ha logrado captar la atención -y la intención de voto- de millones de jóvenes con sus intervenciones fulminantes y frases que funcionan como latigazos en videos viralizados a escala masiva.

Pero a la hora de argumentar o responder a una requisitoria periodística, es quien más ostensiblemente hace uso y abuso de esas conjuntivas. En alguna oportunidad un usuario de redes le contabilizó 16 «o sea» y 25 «digamos» en 138 segundos.

Pero no es el único: políticos, analistas, panelistas, comentaristas… nos hemos acostumbrado a escuchar hasta el cansancio esas palabras que permiten anunciar que vamos a precisar lo que queremos decir, pero que terminan haciendo de nexo entre una afirmación y otra que repite a la primera de otro modo.

Una manera de extender la primera afirmación sin agregar nada de sustancial. O de hacerlo conjeturalmente, digamos, o sea: como te digo una cosa, te digo la otra. Y cuidado, por que puede resultar contagioso: nosotros mismos, de tanto escucharlo, lo repetimos.

En su obra clásica Actos del habla (1969), el filósofo y lingüista John Searle destaca la importancia de considerar el lenguaje como una herramienta para la acción y la interacción social, más allá de su función meramente informativa.

El lenguaje se utiliza para realizar acciones en el mundo, más allá de simplemente comunicar información. Construye vínculos y contribuye a generar identidades colectivas.

Cuando analizamos los discursos políticos, sus enunciaciones, estamos observando también la crisis de la representación política tradicional que se refleja en esta pobreza del lenguaje. Actores tratando de contactar con la sensibilidad cognitiva de audiencias remisas o incrédulas frente a tanto palabrerío.