AQUEL NOVIEMBRE DEL 76′ por Mauricio Muro

0
20

 

Alicia escribía. No era escritora, pero igual escribía. Era profesora en letras. Había dedicado muchas horas de su vida a leer. Entre sus lecturas favoritas aparecían Cortázar y Neruda. Visitaba a su novio Luis con quien mantenía largas horas de discusiones políticas.
Alicia soñaba. Poco dormía, pero igual soñaba. Un día decidió llevar a la práctica todo lo que sabía. Vivía en Santa Fe. Decidió venir a trabajar a Chaco con los campesinos que aún estaban vivos. Les enseñaba, les daba clases sobre letras y liberación.
Alicia vivía dolida por como explotaban a los productores más pequeños. Escribía panfletos. Ella protestaba y gritaba a través de las letras. Enseñó a leer y a escribir a centenares de analfabetos rurales.
Una tarde decidió volver a su Santa Fe natal. Iba a visitar a sus padres. Allí se enteró que Luis había desaparecido.
Alicia tuvo la misma desgracia. La secuestraron en noviembre de 1976. La llevaron a la comisaría cuarta de Rosario. Allí fue salvajemente torturada. Le pusieron picanas en sus pechos y en su vagina. Le preguntaban cosas que ella no sabía.
Nunca más se supo de Alicia. Es una desaparecida más como tantos jóvenes argentinos que pensaban una patria diferente.
Alicia cometió un pecado mortal para la dictadura: enseñó a pensar.

Alicia López, en 1971, alza a su hija María Isabel. Entonces, sus ojos no eran tristes, sino felices.

Les vendaron los ojos,
los violaron,
los torturaron,
los humillaron,
les robaron los hijos,
les fusilaron los sueños,
les quitaron las ganas,
los encerraron para
que el fuego se apagara.
Pero nunca supieron
que la llama recién comenzaba.

Mauricio Muro

Dejanos tu comentario