Bienvenidas todas por María Elina Serrano

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Las mujeres políticas han avanzado muchos casilleros, llegando a la paridad legislativa nacional y en la mayoría de las provincias. Pero si de paridad real se habla, ésta sigue siendo cuenta pendiente en los roles ejecutivos. Cómo se iniciaron y llegaron a la arena política, también es cosa de mujeres.

Por María Elina Serrano 

En pleno siglo XXI la política sigue siendo un espacio mayoritariamente masculino. Las mujeres, que son mayoría en la educación superior, se han dedicado a profesiones más vinculadas a los estereotipos de género: educación, salud, ciencias sociales, últimamente ciencias exactas, económicas y ambientales.

Aunque actualmente existen mujeres en todos los espacios, son pocas las que sienten la necesidad de participar en la política partidaria.

Y para cubrir la paridad real hacen falta mujeres políticas. Muchas mujeres. Mujeres fuertes, mujeres con personalidad, capacidad, compromiso, firmeza y decisión.

Pero, más allá de que tengan genuino interés en el bien común, ¿cómo se inician las mujeres en la actividad partidaria? ¿Cómo llegan a participar en los partidos políticos? ¿Cuál es la receta para iniciarse, mantenerse, crecer… y escalar hacia las posiciones importantes?

Supongamos que una mujer pasa caminando por la puerta del comité, unidad básica o local partidario, abre la puerta y dice: “Buenas tardes, vengo a afiliarme a este partido político porque he leído la plataforma, coincido con sus principios fundamentales y me interesa participar en la vida política e institucional”.  Suena hasta gracioso por lo irreal de la situación.

Bien de familia

Muchas mujeres han ingresado en la política de la mano de sus padres o hermanos. En la última década, puede haber algunos casos que lo hayan hecho de la mano de su madre o hermana mayor.

Maria Laura Stratta (45) fue diputada provincial, ministra y es la primera vicegobernadora de Entre Rios. Es hija de un político de trayectoria en el Pj entrerriano; Juan Carlos Stratta, que fue intendente de Victoria, diputado provincial y senador. Madre de dos hijos, su carrera política ha destacado por el compromiso con el trabajo social y solidario, junto a organizaciones de la comunidad.

Quien también proviene de una familia de políticos es Lucía Corpacci (61) actual diputada nacional por Catamarca que ha sido dos veces gobernadora, vicegobernadora y senadora nacional. Hija de Sebastián Corpacci y de Teresa Saadi, desde su infancia vivió inmersa en la actividad política. “Fui entrando en la política sin darme cuenta. No es que un día me levanté y dije: esta es mi pasión” expresó en una entrevista.

El amor es más fuerte 

Muchas mujeres ingresan en los partidos políticos acompañando a sus parejas.

Hilda “Chiche” Duhalde (74) no imaginaba, cuando se recibió de maestra, el destino que le esperaba: diputada y senadora nacional, también primera y segunda dama de la Argentina. De contextura pequeña y firmes convicciones, sigue activa en la vida política, da entrevistas, opina y participa, mientras reparte su tiempo entre la tarea social y su numerosa familia , hijos y nietos.

Adriana Nazario (59) es contadora, empresaria y política cordobesa. Fue la última pareja del ex gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, quien falleciera en un accidente automovilístico en 2018. Es actualmente diputada provincial, aunque también fue diputada nacional, ministra y secretaria de estado. Trabajó en el poder ejecutivo provincial en áreas de desarrollo, producción, empleo y trabajo.  Muy activa, conocedora del territorio provincial y del sistema productivo, ingresó como legisladora propuesta por su pareja. Oriunda de Rio Cuarto, como legisladora nacional trabajó en apoyar las economías regionales y las cuestiones ambientales.

Claudia Ledesma Abdala de Zamora (46) es senadora y actual Presidenta Provisional del Senado de la Nación. Fue gobernadora de la Provincia de Santiago del Estero. Su historia política comenzó  cuando conoció a Gerardo Zamora en 2005, cuando recorría la provincia como candidato a gobernador por el radicalismo.

Claudia es abogada y escribana, proviene de una familia política: su abuelo fue caudillo del radicalismo en La Banda y su padre Oscar Ledesma,  está ligado al Justicialismo. Fue Defensora del Pueblo de La Banda y Jueza de Faltas.

Se casó con el gobernador Zamora en 2005 y asumió funciones de primera dama provincial, hasta que en 2013 la Suprema Corte de Justicia de la Nación le impidió a su esposo postularse para un nuevo mandato. Ahí llegó la hora de reemplazarlo: se postuló para el cargo de gobernadora por el Frente Cívico por Santiago. Y ganó con casi el 65 % del apoyo del electorado.

Una chica de barrio

Fernanda Miño (46) es chaqueña. En los 80 llegó con su familia al Barrio La Cava (San Isidro). Es madre de cuatro hijos y los comienzos de su militancia estuvieron ligados a la iglesia católica.

Es la quinta hija de nueve hermanos y siendo adolescente trabajó en casas de familia en tareas domésticas, hasta que pudo terminar sus estudios secundarios. A partir de una fuerte inundación en 2013, comenzó a organizarse con los vecinos. Pasó del trabajo territorial en la pastoral de la Iglesia a la militancia en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Allí conoció a Juan Grabois y se constituyó como referente de la Mesa Nacional de Barrios Populares, plataforma que nuclea organizaciones y referentes de villas y asentamientos de distintas provincias.

Fernanda fue elegida concejal en 2017, actualmente con licencia porque es Secretaria de Integración Socio Urbana en el Ministerio de Vivienda y Hábitat de la Nación. Trabaja para dotar de servicios a los barrios populares y aplicar políticas de financiamiento para la integración socio urbana en los barrios de todo el país.

8 de marzo

En el Día de la Mujer Trabajadora, resulta imprescindible repensar el rol de las mujeres en las mesas de decisión, en distintos sectores de la sociedad. Como fuerza laboral, como motor de la transformación, como aporte indispensable para dotar de una mirada amplia e inclusiva a todas las acciones, tanto en el ámbito público como en el privado.

Todas las mujeres que participamos en política, todas aquellas que somos (o han sido) militantes tenemos que ser conscientes de nuestro rol: abrir las puertas de la participación a otras mujeres. No valen las excusas, ni el desencanto. Ellas no deben quedarse esperando la mano de un hombre que las empuje, las postule, las valore y destaque.

Nosotras podemos y debemos hacerlo. Provengan de donde provengan. Si quieren sumar al bien común, bienvenidas todas. Con participación, debate, diálogo y fundamentalmente respeto.

Porque si una mujer entra en política, cambia la mujer. Si muchas mujeres entran en política, cambia la política.

Más mujeres es más democracia.

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