Más territorio, menos escritorio por María Elina Serrano

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Esta semana hemos visto como la falta de conocimiento de las características y hábitos de grupos sociales ocasionaron innumerables inconvenientes en la aplicación de políticas públicas.

  

Cuando las personas viven encerradas dentro de una burbuja (y no precisamente la derivada del distanciamiento social por el COVID) la realidad se ve distorsionada. Se tiende a creer que lo que le pasa a uno es lo que le pasa a todo el mundo.

Detrás de las noticias

Desde los inicios de la televisión por cable en todo el país, los habitantes del interior reciben un constante bombardeo de noticias de CABA y AMBA, dos términos muy similares para definir lo que para los provincianos se resume en una sola palabra: porteños.

Arranca la mañana viendo cómo está el tránsito, cuánta demora hay en la Avenida General Paz y en los accesos a la Capital Federal. Se sigue con el estado del tiempo y las previsiones para el próximo fin de semana o feriado XL comentando los precios en “La Costa”.

-¿Será la costa del Uruguay o la del Paraná? -se preguntan en Caa Catí, Aristóbulo del Valle, o Gualeguay.

Otra vez la tele habla del tránsito, las marchas en la ciudad, el estado de las líneas de subterráneos y premetro.

Premetro, ¿qué será eso? -se preguntan en Saliqueló, Añatuya, o Choele Choel.

Un choque en cadena, un corte de calle, una demora en la autopista. Los noticieros muestran todo lo que pasa, a mas de mil km de distancia.

-Nunca hablan de nosotros salvo cuando nos inundamos -piensan en la Isla del Cerrito, Anisacate o Tartagal.

Al encender la televisión después de un largo día, paneles de varios hombres (con alguna mujer para no ser tildados de machistas) conversan sobre las perspectivas económicas a mediano plazo y la baja del dólar blue.

-Se dice blú, como el color azul en inglés, no sé por qué será si son verdes -dicen en Vinchina, Plaza Huincul o Rio Mayo.

 

Súbeme la radio

Pero no todos se prenden a la tele. La radio se enciende desde temprano y acompaña sin invadir.

Los oyentes de la radio de la mañana se dividen entre quienes escuchan el análisis económico político del momento, o bien se distraen un poquito de la grieta y comentan el programa de anoche de Masterchef. O el último resultado del fútbol.

¿La música? La más comercial, la que esté más de moda, la que pegue mejor con el contenido del programa y combine los top ten de las disqueras. Ahora ya no hay grandes lanzamientos, el nuevo éxito se escucha por Spotify. Y parece que todos suenan muy parecido, tantos hombres como mujeres utilizan un ritmo y tono de voz que se hace difícil de distinguir.

Imitar a quien tiene éxito copiando su estilo, sigue siendo una receta válida, aunque mediocre.

Qué lindo el instagram

Como describe el tema Hawaii de Maluma, entre los jóvenes la información circula por Instagram. Se miran unos a otros a través de la red donde exponen su mejor versión, para que lo vea la persona indicada. Pero también pasa otra info por allí: oportunidades educativas, emprendedurismo, los tan conocidos “showroom con cita previa” que no es otra cosa que la venta hogareña de indumentaria de manera informal. Del fabricante al consumidor, potenciada por la pandemia y por hacer rendir más el dinero.

Cada uno en su propia tribu y en su propia burbuja, comentando “la clande” del fin de semana. Clande llaman a fiestas clandestinas en zonas suburbanas y también rurales. Expertos en desviar controles policiales y de alcoholemia, aprovechan todos los espacios: quintas, clubes, hasta caminos rurales. Cualquier lugar es bueno, siempre y cuando haya señal de celular y se pueda enviar la ubicación por whatsapp.

 

Más territorio, menos escritorio

Las radios del interior trasmiten el pulso de las ciudades y los pueblos.

Las radios populares son cajas de resonancia social. Entre folklore, cumbia y reguetón, se escuchan las demandas de la población: conocer las fechas de pago, la forma de obtener turnos para la vacunación contra el coronavirus, los requisitos para acceder a programas sociales, el inicio (o no) de las clases,

Los adultos se informan mucho por este medio, en especial los adultos mayores que se levantan muy temprano y tienen a la radio como compañía de toda la vida.

Para implementar una política pública y que esta tenga éxito, resulta fundamental explicar una y otra vez por estos medios: el qué, el porqué y sobre todo el cómo. No basta con repetir la dirección de una página web para inscribirse a algún beneficio, o simplemente expresar “pídanle a los nietos que los ayuden”. Cada casa es un mundo y el acceso debería ser inclusivo.

Más allá de los esfuerzos del gobierno en regular los precios, en muchos hogares argentinos todavía no hay una computadora o una buena conexión a internet.

Conocer a las personas según sus espacios, su nivel educativo, sus costumbres y su modo de vivir, hace que las acciones que se implementen sean justamente las necesarias y resulten efectivas.

Pero este desconocimiento del territorio y su realidad no es exclusivo del Estado.

Aunque parezca una obviedad en un país tan extenso, distintos climas derivan en distintos horarios laborales. Sin embargo, los centros de contacto siguen llamando al norte del país en horas de la siesta. Difícilmente puedan vender un seguro, o un cambio de compañía de teléfono celular.

No será sorpresa, cuando no funcione un programa enlatado que baje desde la centralidad de los escritorios. Si se pensó globalmente, en algunos lugares funcionará, en otros parcialmente y en muchos será un fracaso.

Se debe escuchar a los involucrados, adaptar las ideas y políticas de las grandes urbes a las localidades más pequeñas y no olvidarse nunca de la población rural dispersa. Para eso hay que caminar y validar en el lugar, lo que se quiere llevar a cabo.

Esa es la clave del éxito.

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