Tradiciones argentinas

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Por Federico Recagno  Presidente Fundación Éforo

Hay un vínculo de parentesco que se puso de moda por estos días, es el de los hermanos/as. La toma casi escolar (hecha por adultos) del campo Etchevehere, en Entre Ríos, desnuda un añejo conflicto familiar entre la hermana, Dolores, y sus tres hermanos varones junto a su madre.

En simultáneo, ve la luz el libro de Santiago O´Donnell “Hermano”, en el que Mariano Macri, entrevistado, da a conocer secretos empresariales de su hermano, el expresidente Mauricio Macri.

Para sumar, el Papa Francisco da a conocer una encíclica “Fratelli Tutti” (Todos Hermanos), con la idea de una hermandad universal derivada de ser todos hijos/as del mismo Padre. En un mundo global, digital y desigual, se llama a redescubrir a los demás renovando los modos de comunicarnos. Encontrar en el otro un hermano.

Pero los problemas de los hermanos no son nuevos en esta tierra. Algunos recordarán a Juan Duarte, el hermano mayor de Eva Perón, un vividor acusado de actos de corrupción que apareció muerto en 1953 con un orificio de bala en la sien y grandes sospechas en torno al episodio.

Más cerca en el tiempo, el caso de los hermanos Schoklender (Sergio y Pablo), condenados por el asesinato de sus padres en 1981. O el crimen de María Marta García Belsunce, asesinada de varios balazos en 2002 y las sospechas de encubrimiento, desechadas, de sus hermanos.

Hay hermanas escritoras, como Silvina y Victoria Ocampo. O Louise May Alcott que, teniendo ella misma tres hermanas, escribió la reivindicativa “Mujercitas” (1868) acerca de cuatro hermanas. Las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, poetas y novelistas del SXIX, que en su talento hicieron pasar desapercibido a Branwell, el hermano varón que también escribía.

Punzante es la novela “Orgullo y Prejuicio” (1813), de Jane Austen, acerca de los Bennet y sus hijas, cinco hermanas, que alienta el desarrollo de las mujeres en la sociedad. En “1984”, novela de George Orwell (1949), aparece el “Gran Hermano” que todo lo observa, lo determina y lo denuncia, anticipando esta sociedad videovigilada. “Los hermanos Karamazov” (1880), de Dostoyevski, novela de tres hermanos y un hermanastro, algunos enamorados de la misma mujer y un parricidio.

La “Milonga de los dos hermanos” (1965), en la que Jorge Luis Borges relata que Juan, viendo que su hermano lo aventajaba, decide matarlo “Así, de manera fiel, conté la historia hasta el fin; es la historia de Caín que sigue matando a Abel”, en un círculo que se repite, desde el Génesis, en la literatura y en la sociedad.

Del propio Borges es el extraordinario cuento “La intrusa” en la que el hermano menor se enamora de la mujer del mayor, hasta que, ambos, la matan para no pelearse. Curioso relato en el que Caín y Abel dejan de lado el destino bíblico y optan por el femicidio, consolidando un “fraternal machismo”.

El 10 de noviembre, hoy, es el Día de la Tradición, fecha elegida por el nacimiento de José Hernández (1834), el autor del Martín Fierro (1872/79). Tradición es el conjunto de bienes culturales que se transmite de generación en generación dentro de una comunidad. Los huevos de Pascua, el árbol o el pesebre en Navidad, la forma que adopta el carnaval en cada provincia, las fiestas propias de cada lugar y sus rituales.

El Día de la Tradición nace con la idea de conmemorar los usos del campo. Una manera de hermanar a las y los argentinos detrás de nuestras costumbres.

El gaucho Martín Fierro da una serie de consejos a sus hijos, acaso el más conocido es el que dice: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.

Lo que no sabían Fierro o José Hernández era que una de las costumbres más arraigadas de grieta adentro es el incumplimiento de las normas. Porque no íbamos, entonces, a desobedecer “la ley primera”, lo que es un modo de respetar tradiciones, aún en nuestra contra.

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