TRES PODERES por César López

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El año 2018 se cierra con todas las dificultades imaginables. La gestión Peppo va de banquina en banquina; y la gestión Macri es una demolición sistemática de los tejidos de la producción y el trabajo. En ese marco, la pobreza aumenta, la deserción escolar también. Luego, los dirigentes simulan rostros serios, para hablar de la generación «Ni-Ni». El Diputado Obeid, -El doble oficialista. Más peppista que Peppo y más macrista que Juliana Awada- ensaya un juego de palabras para decir sin ponerse colorado que no es una crisis, es el ciclo. La Ministra de Educación Mosqueda, también sin ponerse colorada, dijo que el salario docente le gana la inflación. En este contexto, ya no se pretende ver la luz al final del túnel sino tan solo que Secheep no nos deje sin luz.

Otro año sin edificio legislativo. El proyecto multimillonario de Elida Cuesta quedó enredado en dos licitaciones públicas. Los apuros políticos, y el valor multimillonario de la obra; contribuyeron al ahogo técnico-legal de esas dos licitaciones. La tercera será la vencida. Acaso, hubiese sido razonable que la Legislatura en una primera meta convoque la preparación y movimiento de suelos, cimientos. Algo así, para al menos colgarse la medalla de la piedra angular de la obra. Y el año que viene, otra parte de la obra. Es una pena. Los legisladores se perdieron el inicio de la obra, y por ahora no podrán hacer el turismo fotográfico para ver los avances de la obra. Elida Cuesta no es la única que fracasó con un proyecto de esa envergadura; recordemos que el propio Jorge Milton Capitanich no pudo finiquitar la licitación para la Ciudad Cívica que también ocupó varios meses de gacetillas de prensa.

El año Sabadini-Niremperger fue tremendo. Empresarios, sindicalistas, y políticos fueron puestos detrás de las temibles rejas de una cárcel. Y seguramente, habrá más novedades en el boletín judicial. Un trabajo que merece ser destacado, una y otra vez. No obstante, se debe decir que la ecuación que no cierra del proceso judicial es ¿Cómo es posible que Paulo Buticce, joven funcionario de tercer rango, que cumplía órdenes, y firmaba administrativamente repartos de pautas publicitarias esté preso; y por otro lado el Ministro de obras públicas se mantiene en libertad, y en su cargo?

No quiero patear el medio vaso del optimismo de esa prensa verde que justifica todas las acciones del gobernador ni de aquella otra que justifica todas las acciones del Presidente neoliberal. Pero me parece harto necesario mencionar que el periodismo político debería asumir el riesgo de ser mirado con desconfianza por el poder de turno; y no como braceros para repartir espejitos de colores y/o para campañas sucias. El 2018 nos dejó expuestos. Los periodistas, en cada opinión o información, tenemos una responsabilidad social que nos exige trabajar con la paciencia del artesano, y no con la impaciencia de los mercenarios.-

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